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13/2/13

Rooney, ahora y después

Una parte del escudo, un rincón en el estadio. Cualquier asociación de rango alto es válida para relacionar al Manchester United y a su estrella, Wayne Rooney. 



El vínculo con el Everton, el equipo de su infancia, el que le formó, ha quedado suficientemente enterrado después de ocho años vestido de rojo. Ocho años de una relación madura. irrompible. El Manchester United y Wayne Rooney han superado lesiones en todas las partes del cuerpo, expulsiones desagradables, excesos de peso e incluso un intento de fuga en 2010, cuando Rooney le dijo a Alex Ferguson y a sus compañeros que se iba, que adiós. Dos días más tarde renovó su contrato.

Wayne Rooney es la cara de su equipo. O debería serlo. Tras la marcha de Cristiano Ronaldo al Real Madrid asumió el rol de futbolista decisivo. Mejoró en todas las facetas del juego y se consolidó como el mejor futbolista de los terrestres, alzando la vista solamente hacia su antiguo compañero portugués y hacia Leo Messi.

Dos años más tarde no solamente ha perdido esa posición en el mundo sino también en su equipo, donde el hombre más temible es Robin Van Persie. Rooney, que sigue jugando bien pero no tanto como acostumbraba, tiene 27 años. Lleva diez en la élite jugándolo absolutamente todo, recuperándose de lesión tras lesión para saltar a Old Trafford y correr como un demonio, quitándose quilos de encima a contracorriente porque una semana parado es dramática, poniendo al Manchester United siempre por delante de su figura.

El año pasado, ante la crisis de centrocampistas que sufrió el equipo, Rooney dio un paso atrás y se enfangó en el centro del campo. Jugó de centrocampista. Puede que sin demasiado éxito, parecía fuera de lugar, ralentizaba el juego, pero su gesto tuvo una importancia enorme a nivel emocional. ¿Qué pensarían sus compañeros? Si la estrella sudaba el doble los acompañantes lo hicieron el triple. Así es como se aguantan las crisis de juego en el Manchester United: sufriendo más para ganar lo mismo.

El fichaje de Robin Van Persie no ha trasladado a Rooney a ningún sitio. Es el nivel no tan sobresaliente del inglés el que le ha condenado. Sin embargo, la posición del holandés como nueve fijo sí repercute en la posición de Rooney, obligado a jugar por detrás, que ya le está bien, pero presionado por Kagawa y jugándose el ser desplazado a una banda. Ahora que vuelve la Champions parece el momento clave para dilucidar con qué clase de Rooney se quedará el Manchester United de aquí a final de temporada, si bien con el notable futbolista que es y siempre será o bien con el fuera de serie.

En este debate influye y de qué manera la forma de afrontar los choques europeos de Sir Alex Ferguson. Ayer el The Guardian publicaba un análisis muy detallado de cómo han ido variando las tácticas del escocés en los duelos europeos, partiendo de un viva el fútbol, metamos uno más que el contrario, a una contención mucho más notoria.

El partido que cambió su visión sobre este enfoque fue la derrota por 3 a 2 en Old Trafford ante el Real Madrid, el día del tacón de Redondo. La última década es la de Park en los partidos importantes, un delantero menos y preocuparse mucho más por el contrario. Una variación que no favorece precisamente a Wayne Rooney, obligado a posicionarse en una banda, tapar hueco, ejerciendo incluso de doble lateral en partidos en el Camp Nou.

 El compromiso de Rooney es indudable. Su calidad también, pero su capacidad para ser uno de los mejores del mundo sí está en duda. ¿Lo mejor ya ha pasado? Mañana tiene una nueva oportunidad para engancharse a la primera línea, en el Bernabéu. Si no lo consigue, no necesariamente ahora sino en los tiempos que vienen, tampoco tiene un mal escenario. Manchester United. Seguir entregándose al club. Emular a Paul Scholes o Ryan Giggs. Continuar su leyenda sin ser tan decisivo.

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