En el Valencia estuvieron pendientes del partido chalado que jugaron Levante y Osasuna el ventoso lunes noche. En un análisis superficial a primera hora de la mañana del martes, en la avenida de Suecia llamó la atención el cansancio que mostraron los jugadores granota; el flojo partido de Barkero; el fútbol rudimentario de Ballesteros y Vyntra; la falta de jerarquía del futurible Iborra...
Pues bien, todo eso sucedió.
Eso y la falta de salida por los dos costados. En el derecho Vyntra demostró que es un central y en el izquierdo Juanfran (¡que quiere jugar hasta los 63 años!) estaba exhausto. Pape Diop estuvo flojete antes de chocar con Armenteros y marcharse camino del hospital. Pedro Ríos estuvo missing y Martins chocó con un pedazo de portero como Andrés Fernández. ¿Y JIM? Últimamente (desde Cornellà) anda espesito con los cambios. Apostó por Dudka y ¡otra vez! por Valdo pero ninguno de los dos está físicamente bien.
En el vestuario se comenta el mal momento de forma del polaco y del leonés y no se entiende que jueguen pero el técnico está en otra onda. Otra cosa que llama la atención en el vecino capitalino es la escasa exigencia que muestra la crítica periodística con el fútbol (pobre, entienden) que practican los de JIM. En el Valencia molesta que la prensa sea tan condescendiente con los blaugrana y, en cambio, sea tan dura con su realidad.
Creo que aquí ya lo he dicho alguna vez y si no aprovecho ahora para hacerlo. Es cuestión de volumen. A mayor masa, a mayor tonelaje, mayor ha de ser la obligación. Esto, en cambio, que es tan sencillo, en Mestalla no se entiende. En el análisis propio, también de mañana de martes, en el Valencia insisten en el momento de Barkero.
Temen que aparezca su mejor versión y filtre un pase hacia la carrera endiablada de Martins para que el nigeriano supere en velocidad a Víctor Ruiz y a Mathieu y se quede sólo ante ¿Guaita o Alves? Deberían temer también al otro socio de Oba. Al más pequeño. A Rubén, que se asocia de maravilla con el proyectil africano. Claro que todos estos miedos se desvanecen si aparece un equipo de Seattle y paga la cláusula de Oba antes del sábado. Entonces el Levante será muy chato. Apagados los flashes de la Europa League el Levante, de repente, se ha dado de bruces con su actual realidad en la Liga. Que es pobre aunque todavía se puede vivir de rentas.
El equipo ha sumado cuatro puntos de dieciocho posibles en la segunda vuelta aunque es cierto que está a once puntos del descenso y sólo a seis de zona europea. El derbi del sábado no medirá dinámicas (las dos son discretas) sino estados de ánimo. Y en ese aspecto los granota sí tienen algo que decir. Motivados maquillan sus carencias y pese a que tengan un mal día siempre se entregan. En una situación similar llegó el Levante al derbi de la primera vuelta. Venía de caer goleado por 4-0 en Pamplona y de perder 2-1 en Hanover contra un rival con diez jugadores.
Y ganó con aquel latigazo de Martins. ¡Ay, Martins! Más allá del derbi, el Levante se estremeció ayer con las declaraciones del nigeriano en Radio Valencia. Hay futbolistas que hablan como juegan. Oba aceleró pero trastabilló y se cayó. Se equivocó. Es muy fan del American way of life y los Seattle Sounders (que visten de verde como Nigeria) le garantizan un puñado de dólares (5 millones por dos temporadas) y un retiro dorado envuelto en diamantes, jets privados y deportivos.
Tenía fecha de caducidad desde que llegó pero parecía que su salida no iba a ser en absoluto conflictiva. Acabaría la temporada y se marcharía revalorizado pero dejando a cambio dos millones de euros en caja. Ahora hay empleados que consideran que no debe jugar el sábado. Pero el club se cura en salud y deja la situación en manos del técnico.
Y JIM, si los dólares americanos no aparecen antes, no va a prescindir de su ariete más afilado contra una defensa tan endeble como la que presentará el Valencia en el derbi. Ha jugado fuerte. Show me the money, Oba. Enséñame la pasta, Martins. Eso, o te quedas. Hace unas horas en Orriols adoraban a ese bólido negro. Ahora ya no. La culpa es suya. Habló como suele jugar. Rápido, acelerado, sin pensar... Y ha enloquecido. El color del dinero, claro.

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