El partido se presumía intrascendente para la lucha por el título, pero mucho más importante desde el punto de vista moral.
Un Clásico siempre es un clásico, aunque sea con 16 puntos de distancia entre unos y otros. En este punto de la temporada, con la Liga decidido y las opciones europeas de Real Madrid y FC Barcelona colgando de un hilo, un duelo así sólo se puede analizar desde el punto de vista moral.
Y ahí, como el pasado martes en las semifinales de Copa, se impuso el Real Madrid.
Mourinho, con un ojo ya en Old Trafford, prescindió de salida de Khedira, Xabi Alonso, Di María, Özil y Cristiano Ronaldo. Aún así, a los seis minutos Benzema aprovechó una gran jugada de Morata, pase incluido, para golpear en la portería del Barça, donde sólo faltaban Puyol y Xavi.
Un fogonazo sacó al Barça de su previsibilidad. Lo firmó Dani Alves, con un pase sensacional a la espalda de la defensa, una de esas acciones demoledoras que pillan al rival a contrapié y que el Barça ha echado de menos en sus recientes derrotas ante el Milan y el propio Real Madrid.
A espaldas de la defensa apareció Messi para recoger el envío del brasileño, recortar a Sergio Ramos y poner el balón junto al palo de Diego López.
En la segunda el juego fue más trabado. Mourinho dio entrada en el 55 a Cristiano Ronaldo, que amenazó con aumentar notablemente el peligro que estaba llegando al área de Valdés.
Morata perdonó en el 75 pero no Sergio Ramos en el 82, con un cabezazo tras saque de esquina botado por Modric.
Los últimos minutos fueron intensos: Cristiano chutó a la cruceta y Pepe mandó el rechace fuera por poco; se reclamó penalti de Adriano por zancadilla de Ramos y Valdés fue expulsado tras el pitido final por sus protestas al colegiado.
El Madrid se pone a 13 puntos, pero eso ahora no parece lo importante.

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